quarta-feira, 15 de março de 2023

Untitled

Aquel árbol era más viejo que cualquier humano nacido en

los tres últimos siglos. Odiado y estigmatizado por los

mismos que lo plantaron intensivamente en todas partes

para enriquecerse rápidamente: un horrible eucalipto. Pero

este ser vivo centenario bebía de las aguas saladas de Ría

Formosa. Contuvo las arenas movedizas y el barro de

Quatro-Aguas. En los veranos largos e inclementes, ofrecía

su generosa sombra a los paseantes. Celosos de su

longevidad, lo talaron con una motosierra. Ya nadie más

abrazará su tronco liso. Desveló sus anillos para revelar su

edad a los hombres aterrorizados por la muerte. Y después

inventamos nano-chips que contenían toda la locura de

nuestra civilización.

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